No nos engañemos. Los cuerpos que lucen sin barriga a los dos meses de haber parido al tercer hijo, como si por allí no hubiera pasado nada, son obra o de un físico privilegiado o del bisturí.
Tengo que reconocer que existir, existen mujeres que parece que no hubieran tenido hijos, libre de photoshop. Yo vi una, que había dado a luz por parto natural el mismo día que yo, y que a los dos días, salía porque no decirlo "casi plana" y con tacones.
No fue mi caso. Primero porque yo tuve un parto por cesárea y segundo... Porque no fue mi caso.
Mi parto fue muy bien. Emma venía de nalgas, así que me programaron una cesárea, a las 39 semanas de gestación. Me llevaron al quirófano y me empezaron a preparar. ¿Sabéis aquellas que dicen que ni notaron la epidural y que no fue para tanto? Tampoco mi caso. Destaco que yo no tuve contracciones por lo que era muy consciente de lo que hacían. 40 minutos para poner la dichosa epidural, de la cual me dejaron un morado precioso que hizo juego con los morados de las piernas. Ya contaré mas adelante.
En fin, que mi niña nació perfectamente a los 9 minutos de la primera incisión. Fue... Mágico, perfecto... Lo mejor del mundo.
Tras la operación me trasladaron a mi habitación y allí estuve 5 largos días (platicaré de ello cuando hable de la cesárea) y entonces volví a casa.
Los primeros dos meses pasaron muy rápido, en el sentido que no tuve tiempo de agobiarme por mi físico. De los 16 kilos que gané en total, perdí 10. Hasta ahí fantástico.
Pero en cuanto vino el verano, ya no me sentí tan fantástica.
El anterior año, cuando me quedé embarazada, durante los tres primeros meses que coincidieron con el verano, engorde 4 kilos y medio, a pesar de los vómitos. Por lo que mi ropa no me entraba y compré nueva. Este año, con mi hija en brazos pensé, lo del año pasado me irá. Craso error. No me iba nada. Ni vaqueros, ni vestidos, ni camisas se ajustaban a mi nuevo cuerpo. Por irme, no me iban ni los sujetadores. Había pasado de una talla 90 copa B a una 100 copa C. De los pantalones de una 40 a una 44, así, como si nada. Y general me sentía disfrazada, envuelta en un paquete que no iba conmigo.
Hice lo que más sensato me pareció para no seguir dando vueltas al asunto. Guardé la ropa que no me sentaba en una caja y me quedé con lo poco que si me encajaba.
Por otro lado, he tenido otros regalitos mas permanentes de la maternidad. LAS ESTRIAS.
Dejadme contaros que durante los nueve meses del embarazo literalmente me unté en crema antiestrias. Las amigas decidieron aparecer las dos ultimas semanas, como arañazos en la piel. Precioso color rosado.
De la celulitis ni hablo porque ya tenía y ahora solo se ha acentuado.
Las venas de araña... Aunque solo se ven cuando te fijas mucho ahí están.
Bueno, también la cesárea me dejo una cicatriz, aunque no se ve.
Y ya.
Pero, por eso, y también de envidia sana, no entiendo que manía hay en decir que esta famosa o aquella están fabulosas tras tres meses de dar a luz... ¡Lógico! Si yo pudiera también haría como ellas. Pero como no, aquí estoy, yo y mi cuerpo real.
Al final del día, después de haber acostado a mi niña, me quedo perpleja mientras la miro, y pienso... ¿Qué mas da? Ella valió la pena cada cicatriz que queda.
Si estas leyendo esta entrada y te sientes identificada, ánimo, y cuentame tus marcas de mamá.
Un petonet.
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